11 M

Desde mi sofá:

Silencio. Hay una vía muerta por la que caminan ciento noventa y dos suspiros que antes eran personas; caminan etéreas acariciando los raíles fríos con el calor de sus alientos de vapor sin vida, de vapor de sueños apilados entre las fotos de un álbum que ya no se quiere abrir. Silencio. Mil setecientas cincuenta y cinco almas sufren la soledad impuesta de ser sin estar, de la culpabilidad de “no haber sido yo”; seguir respirando duele pero, mamá respiró aliviada al saber que no fui yo. Silencio. Y la Princesa se convirtió en hospital albergando en su vientre, cuerpos imposibles de rescatar, miradas perdidas sin posibilidad de encontrarse, oídos sordos para siempre en el infierno de un rugido sobrenatural. Silencio. Él no regresó y, ahora, el hogar de los dos solo es de uno, no hay cabida para el olvido, no es posible seguir adelante sin mirar atrás. Silencio. Hace cinco años dejó de respirar el suspiro ciento noventa y tres sin que nadie lo supiera; diez años dormida, sumergida en un sueño que la hizo prisionera hasta su muerte. Silencio. 11 M.

Buenas noches, mundo.

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