Desde mi sofá – Navidad

Desde mi sofá:

Se asomó a la ventana un segundo para mirar la calle antes de bajar la persiana. En el edificio de enfrente las luces de Navidad seguían colgando de los ventanales, ahora apagadas, como si fueran espectros lacios escurriendo por los cristales.  Fuera de las fiestas resultaban ridículas, sus dueños las acabarían quitando un par de días más tarde para volverlas a guardar en una caja en el fondo del armario hasta el año siguiente. ¡Qué estupidez! Hacía tiempo que la Navidad dejó de interesarle. Los buenos deseos de la gente que durante el año ni siquiera sabe que existes, las mesas llenas de comida y los forzosos encuentros con la familia, le atragantaban cada vez más. La hipocresía de estas fechas impuestas le había llenado el estómago de frío y, desde hacía algunos años, cada Navidad, hibernaba. Aquella noche, justo un momento antes de bajar la persiana, se acordó de cómo su padre encendía bengalas en la Noche Buena de su niñez a la par que la abuela se apresuraba en terminar el tostón que se moría al amor de un horno repleto de leña. Una sonrisa atravesó por un segundo sus labios resecos de felicidad, dando a su rostro un aspecto extraño. Ya nada era como antes. Cerró los ojos para borrar de su mente los recuerdos, terminó de bajar la persiana y se sentó de nuevo en el sofá aliviado de que todo terminara. Mañana amanecería enero y él volvería a nacer.

Buenas noches, mundo.

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