Desde mi sofá: El aburrimiento…

Desde mi sofá:

El aburrimiento reparó en ella una tarde de septiembre. Un cielo plomizo contribuyó a que encadenara bostezos mientras miraba por la ventana deseando poder encaminar su vida hacia alguna parte que no fuera el mismo miedo cobarde de siempre. Se acercó a la nevera y sacó una botella de vino blanco, se sirvió una copa para tratar de suicidar en ella todas las vidas que había inventado para ser, y nunca fue. El primer sorbo le supo a porvenir cosido a medias en la entretela de su camino, el segundo, le dio calor a su rostro olvidando que la felicidad, por aquella época, escaseaba en los armarios; fue el tercero el que le dio poder. Las luces de la calle sangraban detrás de las cortinas deshaciéndose en borrosos colores que parecían simular árboles de Navidad fantasmagóricos. Una idea se le cayó del pensamiento con el último trago de vino; olfateó el peligro cuando, mirándose al espejo, descubrió en su mirada el brillo diabólico de quien sabe que todo ha terminado. La sonrisa que se devolvió a sí misma se le clavó como un puñal en lo más profundo de su alma. Jamás sería capaz de aprender a volar si no abría la ventana.

Buenas noches, mundo.

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