Desde mi sofá: Hubo un tiempo

Hubo un tiempo en que las paredes de mi habitación amparaban, cada noche, el sollozo de mi corazón errante divagando por mundos difíciles de definir. Era esclava de un sueño que se repetía constantemente donde el frío congelaba mi aliento hasta el pánico. No me gusta dormir descalza. En el rincón que formaban dos de aquellas paredes solía acurrucarme hasta que se me pasaba el miedo; así, hecha un ovillo, me abrazaba dejando que un ligero sudor mojara mi frente en forma de rocío perlado. Un silencio sepulcral crecía dentro de mí, mientras mi cabeza pedía a gritos que aquella pesadilla terminase para siempre. Hace frío, siempre hace frío, y las nubes negras invaden mi balcón cerrando con llave mi puerta imaginaria; no puedo salir, te llamo, mas no escuchas mi voz, pero puedo ver tu cara sonriéndome al tiempo que me dices adiós con la mano. Te despides, otra vez. Te volverás a marchar dejándome sola con el peso de mi miseria regado por el suelo de mi cuarto. Hubo un tiempo en que las paredes de mi habitación soportaban mi secreto mudas, con la lengua cortada de cuajo por mi propia mano, obligándolas a callar para que nadie supiera de mi locura. Hoy todo se repite de nuevo, no soportaré su pérdida una vez más y no podré hacerlas callar por más tiempo. Decido cortar su mordaza y que pase lo que tenga que pasar. Hoy, tampoco dormiré descalza.

Buenas noches, mundo.

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