Llovía

Llovía, las gotas golpeaban los cristales de mi ventana con violencia a la vez que despertaba de un mal sueño, uno de esos sueños que se deslizaban por mi garganta atenazándome el miedo a gritar. Un sudor frío recorría mi frente y me encomendé a todos los santos antes de reunir el valor suficiente que me permitiera salir de la cama y dar la luz. No había nada. Nunca lo había y, sin embargo, cada vez era peor. Un misterioso dolor se apoderaba de mí cada vez que intentaba dormir. ¿Cómo cerrar los ojos si ya sabes lo que se te viene encima? Todos mis miedos se unían a la vez para darme caza cada noche, y yo solo deseaba hacerme invisible y desaparecer de mi conciencia como quien pone nombre a un recién nacido. Correr descalza por las ruinas de mi corazón y saber que existe alguien ahí fuera que teme perderme, que ama de mí hasta la última letra de mi nombre. Solo eso, dejarme llevar, dejar de soñar, dejar de tener miedo a dormir.

Buenas noches, mundo.

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